El 9 de
Febrero de 2022, hemos dado la bienvenida a un nuevo integrante de nuestro
Grupo internacional, el Piloto de marina mercante y Profesor de Astronomía Fernando
Albornoz.
Casi
enseguida, Fernando ha tenido a bien enviarnos un artículo sobre su experiencia
de piloto, y nos dice de “la incertidumbre entre lo que se
ve, lo que se cree haber visto y de lo que realmente está ahí, si es que ahí
hay algo” y también que
“el ojo electrónico del radar muestra a veces eso que
no existe.”
Por
eso consideramos muy apropiado dar cabida a su artículo.
No crean que voy
a contarles aquí experiencias con el pulpo gigante al que llaman “Kraken”,
tiburones gigantes, el dios Neptuno o sirenas, que también las tuve pero que
redactaré convenientemente en alguna otra publicación si es que ustedes lo
demandan.
Prefiero por
ahora comentarles de lo mucho que las circunstancias del momento pueden afectar
la percepción y el razonamiento durante una guardia de navegación, que si es
por la noche resulta peor aún porque a veces se ve lo que no existe y otras lo
que existe no se ve.
Para entender
la situación, los pilotos tenemos 8 horas de guardia a diario y fuera de ellas
cada uno tiene tareas específicas a atender.
Las 8 horas
de vigilancia se dividen en 2 turnos de 4 hs a menos que falte un piloto y haya
que hacer 6 hs por turno, algo con lo que me tocó cumplir y que resulta más
estresante aún.
En el mar la
única polución lumínica nocturna es la producida por la Luna, al menos en
altamar y la visibilidad puede verse afectada por chubascos o niebla. Y pese a
la existencia de vigías atentos, hubo accidentes por no haberse visto eso
contra lo cual se podía colisionar.
A diferencia
de un automóvil un barco no tiene frenos y en aguas abiertas toda maniobra debe
hacerse sin variar la velocidad y es por eso que hay accidentes a pesar de la
lentitud con que suelen desplazarse las naves en el mar.
Cuando los
británicos en tiempos de la 2da Guerra mundial inventaron el RADAR (Radio
Detection And Ranging), se pudo determinar la presencia de objetos próximos aún
con niebla cerrada. Si el Titanic hubiera contado con uno de estos ingenios
electrónicos, puede que no terminara de la desastrosa forma en que lo hizo. Es
que quienes hemos piloteado barcos sabemos lo duro que es experimentar la
incertidumbre entre lo que se ve, lo que se cree haber visto y de lo que
realmente está ahí, si es que ahí hay algo.
Hace mucho
navegando por el Índico, creí ver una luz en proa justo en el hueco entre las
dos grandes torres de las grúas de cubierta. Dudé pues cuando tomé los
binoculares ya no la volví a ver. Pero de pronto apareció fugazmente para
volver a desaparecer. Apenas se la notaba.
¿Había algo
allí o era mi imaginación? Pues ¡sí que había! Era un bote del tipo sampán
alumbrado con un farol a queroseno. Apenas tuve tiempo de esquivarlo. Pasé muy
cerca y hasta la pequeña embarcación quedó luego en la estela que dejaba el
barco.
Pero volvamos
al radar.
La antena que
es a la vez emisora y receptora de señales gira realizando un barrido y
enviando pulsos electromagnéticos que rebotan contra los objetos y vuelven al
receptor marcando un “eco” en la pantalla. Si el objeto no es metálico, puede
que absorba la energía de la onda de radio y el radar no lo capte, por eso las
embarcaciones de madera o fibra suelen colgar en el palo un cuerpo de metal con
varias caras que obra como espejo para que la señal rebote y así pueda ser
captada y aparezca el eco en la pantalla.
Lo anterior
nos deja ver que el instrumento padece de algunas imprecisiones y por eso el
navegante debe siempre estar atento. En lo que conté anteriormente sobre el
sampán, el radar no lo había registrado.
Este aparato
es en todo caso una “ayuda” no existiendo nada llamado “navegación por radar”.
No obstante más allá de su función previsora de colisiones, se lo usa de forma
muy práctica para situar la nave cuando se navega próximo a la costa y los
perfiles de ésta aparecen bien definidos en la pantalla de modo que se
pueda establecer una distancia y una dirección a un punto bien identificado
como puede ser por ejemplo una punta, un islote o un cabo.
La
imagen que acompaña este relato es un dibujo que hice de lo que es una pantalla
de radar donde se interpretan los ecos. La llamada “línea de fe” marca el
sentido de avance (rumbo) y como pueden ver, hay un objeto detectado en la proa
de nuestro barco que ocupa el centro de la pantalla. Pues entonces hay que
tomar los binoculares para identificar qué es eso con lo que podemos chocar…el
radar lo detecta pero no dice lo qué es.
Pues muchas
veces ocurría que otro objeto parecía perseguirnos. Cuando yo miraba hacia
popa, no lograba verlo! ¿Un barco fantasma sin luces? ¿Un OVNI a nivel del mar?
…¿un dementor de Azkavan?
Nada de
eso...solo un "eco falso", algo común en este instrumento y que el
operador debe reconocer. Se dan por varias razones entre ellas por rebotes de
los pulsos electromagnéticos en los propios palos del buque. Así que cuando uno
llegaba a un nuevo barco, debía familiarizarse con los instrumentos y ver
cuáles eran sus mañas.
Cada cual
tiene sus grandes ventajas pero también sus problemas. Recuerdo un radar que
daba un falso eco pero no como el del dibujo sino corrido más hacia la
izquierda de la pantalla.
Los
testimonios de los pilotos en cuanto a sus avistamientos, sobre todo los
nocturnos, no son muy confiables que digamos. Yo he tenido algunos...vi luces
asomar y elevarse en el cielo. Vi flotando en el océano eso que no siempre era
real. Es que tanto el cansancio como la tensión provocada por estar vigilante a
cargo de la seguridad de la nave y los tripulantes que duermen en sus cabinas en
cubiertas por debajo de la timonera, causan esos desatinos. Y no bien se avista
algo, el Piloto está obligado a identificar qué es eso que apareció y si hay
riesgo de chocarlo.
Las luces que
subían eran estrellas saliendo por oriente, algo muy difícil de observar puesto
que por curvatura atmosférica, el horizonte resulta ópticamente más denso
en moléculas de aire y por ende más nuboso y difuso. Pero aquella noche era
espectacular puesto que el cielo estaba desde el cenit al horizonte
completamente despejado de toda suerte de nubes.
Y hablando de
nubes, en ocasiones éstas conforman accidentes geográficos falsos como
islas y perfiles de costas que hasta pueden apreciarse mismo desde tierra.
Otros objetos
inexistentes eran el resultado de reflejos de luces del mismo barco. Y hasta
los marineros vigías que en la noche me acompañaban, sufrían también de estos
engaños…así que yo no estaba loco…cansado y tenso puede ser…pero loco ¡no!
¡Nunca se me
ocurrió que alguna nave extraña nos estuviera siguiendo! No tendría sentido
seguir a un barco cuya carga no eran ni armas ni sustancias radiactivas y cuya
ruta era pública. Aunque aeronaves de la OTAN no ocultaban que nos vigilaban
muy de cerca pues volaban a muy baja altura para identificarnos.
Supongo que
todo lo anterior, en un avión, debe ser más vertiginoso, ¡más si es un avión de
combate! La tensión de esos pilotos debe ser bastante mayor que la mía en
aquellos barcos de carga lentos donde 35 km/h es una rápida velocidad!
Y como antes
dije, también el ojo electrónico del radar muestra a veces eso que no existe.
Fernando Albornoz
Piloto de Marina Mercante
COMENTARIOS
Leopoldo Zambrano Enríquez, desde México: Excelente entrada.
Carlos Demaría, desde Argentina: Estoy completamente de acuerdo con los comentarios del Sr. Fernando Albornoz.